Temporada de huracanes 2026 en el Atlántico sin huracanes hasta octubre
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La extraña temporada de 2026: el Atlántico sigue sin huracanes

La temporada de huracanes de 2026 está dejando una imagen poco habitual en el Atlántico: ya comenzó octubre y hasta ahora ninguna tormenta ha logrado alcanzar categoría de huracán.

De acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC), hasta este 2 de octubre se han formado ocho tormentas tropicales con nombre —Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly, Edouard, Fay, Gonzalo y Hanna—, pero ninguna alcanzó vientos suficientes para convertirse en huracán. 

La diferencia frente a una temporada normal es considerable. Con base en el promedio climatológico 1991-2020, para esta fecha suelen haberse registrado alrededor de 11 tormentas con nombre, cinco huracanes y dos huracanes mayores. Este año van ocho, cero y cero, respectivamente. 

Y esta mañana, 2 de octubre, el NHC reportaba además que no había ningún ciclón tropical activo en el Atlántico, el Caribe o el Golfo.

Septiembre pasó sin un solo huracán

Lo ocurrido resulta todavía más extraño porque septiembre suele ser el corazón de la temporada ciclónica.

El pico climatológico de actividad del Atlántico ocurre alrededor del 10 de septiembre, y la mayor parte de los ciclones se concentra entre mediados de agosto y mediados de octubre. 

Sin embargo, septiembre de 2026 terminó sin que se formara un solo huracán en el Atlántico, algo que no ocurría desde 1994. 

La Gaceta UNAM calificó esta temporada como inusual y destacó que, hasta finales de septiembre, ninguna de las tormentas tropicales registradas había logrado intensificarse hasta alcanzar la categoría de huracán. 

Pero hay que hacer una precisión importante: sí ha habido ciclones tropicales en 2026. Las tormentas tropicales también son ciclones. Lo extraordinario es que ninguna haya conseguido convertirse en huracán.

La energía ciclónica está 89% por debajo de lo normal

Otro dato ayuda a dimensionar qué tan tranquila ha sido la temporada.

El Centro Nacional de Huracanes calcula el llamado ACE —Energía Ciclónica Acumulada—, un índice que combina la intensidad y el tiempo de duración de las tormentas.

Hasta el 2 de octubre, el ACE acumulado del Atlántico era de apenas 10.8, aproximadamente 89% por debajo de lo normal para esta etapa de la temporada. 

Es decir, no solamente se han formado menos sistemas intensos: los que han aparecido también han sido, en conjunto, relativamente débiles y de corta duración.

¿Por qué no se están formando huracanes?

La explicación no está únicamente en la temperatura del mar.

Para que un ciclón tropical pueda organizarse y después fortalecerse necesita coincidir con varias condiciones: agua suficientemente cálida —generalmente alrededor de 26.5 °C o más—, humedad en la atmósfera y, sobre todo, que la llamada cizalladura vertical del viento no sea demasiado fuerte. 

La cizalladura puede explicarse de manera sencilla: son cambios importantes en la velocidad o dirección del viento conforme aumenta la altura.

Cuando es intensa, puede literalmente desorganizar una tormenta, separando su circulación y evitando que concentre la energía necesaria para convertirse en huracán.

Y ahí entra uno de los protagonistas de este año: El Niño.

El Niño está frenando al Atlántico

NOAA explica que las condiciones de El Niño aumentan generalmente la cizalladura vertical sobre partes del Atlántico, lo que dificulta tanto la formación de ciclones como su fortalecimiento. 

En agosto, NOAA ya había reducido su pronóstico y otorgaba una probabilidad de 75% de que 2026 terminara como una temporada por debajo de lo normal. Su previsión actualizada contemplaba entre 7 y 13 tormentas con nombre, entre dos y seis huracanes y entre cero y dos huracanes mayores. 

Hasta ahora, el número de tormentas con nombre sí está dentro de ese rango: van ocho.

Lo que todavía no ha aparecido es ni uno solo de los huracanes previstos.

La misma configuración asociada con El Niño puede producir el efecto contrario en el Pacífico: allí puede favorecer condiciones más propicias para la formación y fortalecimiento de ciclones. NOAA había anticipado desde junio que El Niño tendería a disminuir la actividad en el Atlántico y aumentarla en el Pacífico oriental y central. 

Ese contraste se ha observado claramente durante las últimas semanas: mientras el Atlántico permanece inusualmente tranquilo, el Pacífico ha registrado una temporada mucho más activa. 

La UNAM señala otro factor: la QBO

Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México advierten que El Niño no explica por sí solo todo lo que está ocurriendo.

Christian Domínguez Sarmiento, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, señala también la influencia potencial de la Oscilación Cuasi-Bienal o QBO, una variación natural de los vientos de la estratósfera tropical que cambia aproximadamente cada 24 a 30 meses. 

La relación de la QBO con los ciclones no es igual todos los años y continúa siendo objeto de investigación. La especialista explica que es la combinación de distintos factores atmosféricos y oceánicos, más que una sola causa, la que ha dificultado que las tormentas logren organizarse e intensificarse esta temporada. 

En otras palabras: el Atlántico puede tener agua suficientemente caliente, pero si la atmósfera no coopera, eso no basta para fabricar un huracán.

¿Es histórico lo que está pasando?

Sí.

La ausencia de huracanes hasta estas fechas representa el inicio de temporada más tardío sin uno durante la era moderna de vigilancia satelital. En temporadas como 2002 y 2013, el primer huracán apareció el 11 de septiembre; 2026 superó ampliamente esas fechas. 

Existen registros de dos temporadas completas sin huracanes en el Atlántico: 1907 y 1914.

Pero esos datos deben tomarse con cautela porque corresponden a décadas anteriores a los satélites meteorológicos; es posible que algunos sistemas que permanecieron en alta mar nunca fueran detectados. 

Por eso, si 2026 terminara sin ningún huracán, estaríamos ante un acontecimiento extraordinario en la era moderna.

Pero todavía faltan casi dos meses.

Para Quintana Roo, la temporada todavía no termina

Aquí está la parte importante para Cancún y Quintana Roo: la calma hasta ahora no significa que podamos dar por terminada la temporada.

La temporada oficial del Atlántico concluye hasta el 30 de noviembre. Además, octubre sigue siendo un mes con actividad ciclónica significativa; en una temporada promedio se forman alrededor de tres tormentas con nombre durante este mes. 

La propia investigadora de la UNAM advierte que incluso una tormenta tropical que nunca alcance categoría de huracán puede provocar lluvias torrenciales, inundaciones, desbordamientos y deslaves. 

Y el número total de tormentas de una temporada tampoco determina por sí mismo el riesgo de una región. Una temporada puede ser muy tranquila y bastar un solo sistema con una trayectoria desfavorable para producir daños importantes.

NOAA insiste precisamente en que sus pronósticos estacionales sirven para anticipar la actividad general de toda la cuenca, pero no predicen cuántos ciclones tocarán tierra ni dónde lo harán.

Una calma extraordinaria, pero no una temporada terminada

Por ahora, el Atlántico ofrece una combinación poco habitual: ocho tormentas tropicales, cero huracanes y una energía ciclónica casi 90% inferior a la normal para estas fechas. 

El Niño y otras condiciones atmosféricas han dificultado que las tormentas consigan organizarse, incluso cuando existe suficiente energía en el océano. 

Para Quintana Roo, la noticia es positiva hasta ahora: ha transcurrido prácticamente todo el periodo históricamente más activo sin que se haya formado un huracán en toda la cuenca.

Pero octubre apenas comienza y la temporada termina el 30 de noviembre. La inusual calma de 2026 ya es histórica; saber si durará hasta el final todavía está por verse.


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